Pacific Rim: Insurrección

Steven S. DeKnight, guionista y director que inaugura su etapa cinematográfica con dos muy dignas temporadas de Daredevil a sus espaldas, toma el relevo de Guillermo Del Toro en esta secuela de Pacific Rim que llega cinco años después que la original en un momento en el que parece que poca gente esperaba una continuación de aquella. La primera parte fue una película sin grandes pretensiones pero con bastante personalidad, imprimida por el lado más lúdico del director mexicano, algo que ya explotó con muy buen tino en Blade 2. No tuvo el éxito que una producción de cerca de 200 millones de dólares requería pero dejó un buen sabor de boca y la sensación de que había méritos para haber tenido mejor fortuna, quizás dos de los aspectos que hayan motivado esta continuación.

Pero claro, si a un título cuyo atractivo principal son las peleas a sopapo limpio entre robots gigantes y bichos del tamaño de un rascacielos le quitas a la persona más fascinada por esa idea, la cosa puede resentirse. Y se resiente.

pacific rim insurreccion 1

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Guillermo Del Toro, que aquí figura sólo en calidad de productor, se tomó siempre Pacific Rim como un proyecto personal, nacido de su propia pasión por el género de los kaijus, de películas como Godzilla y de mangas y animes como Evangelion. Su mirada era la de un fan apasionado y conseguía que un título aparentemente banal rezumase un cariño especial por todos sus poros. Steven S. DeKnight, sin embargo, llegó a esta continuación como un director y guionista de encargo, seguramente con la motivación que supone dar el salto de televisión al cine, pero sin el vínculo personal con la idea que sí mostró Del Toro.

La película muestra pericia técnica, algunas ideas curiosas y un tratamiento que parece pretendidamente orientado a un público más joven que el de la primera entrega. Pero no hay pasión, personajes con poso o la suficiente sensibilidad como para crear algún momento que trascienda sobre los demás. De algún modo da la sensación de que hay un grupo de profesionales queriendo hacer algo divertido con esto, pero en ningún momento algo singular o mínimamente especial.

Y esa sensación remite constantemente a la ausencia del director mexicano. Curiosamente, éste también llegó a Blade 2 en un momento profesional en el que en Hollywood aún tenía mucho por demostrar y retomando un universo que había sido configurado por manos ajenas. Un título que, como éste, empezaba con la siempre dudosa decisión de crear un prólogo resumen a modo de serie de televisión para masticarle al público el nuevo contexto. Pero donde Steven S. DeKnight crea una peli simplemente entretenida, Guillermo del Toro, sin abandonar nunca el macarrismo del personaje y el sentido del humor, consiguió crear una historia épica, con un núcleo emocional fuerte (tanto la historia de amor de Blade como la de la venganza del repudiado Nomak), al menos 3 o 4 escenas de acción potentes, una puesta en escena llena de personalidad (algo que siempre ha sido su principal fuerte) y un buen puñado de secundarios de relleno con la suficiente garra como para que su presencia en pantalla resultase atractiva. Parecía un trabajo sencillo y con ciertas decisiones obvias u obligadas, pero la peli que nos ocupa demuestra que no lo fue.

pacific rim insurreccion 2

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Una de las muestras más claras de ello es el poco poso del viaje personal del héroe o que el villano de la película, que vive un tormento personal, no tenga ningún desarrollo al respecto. Hay decisiones que parecen haber sido encaradas más como un trámite que como un acto de convicción y con una especie de temor constante a un ápice de la simpatía con la que parece querer llegar al espectador.

Pacific Rim: Insurrección no es una mala película, es un entretenimiento de tarde de sábado muy apañado, pero es la clase de secuela que hace que nos preguntemos si realmente merecía la pena el esfuerzo. Incluso hay películas fallidas que generan más interés y admiración por la pasión que hay tras las mismas, algo que en esta ocasión se echa mucho de menos y que deja claro lo relevante que es que, incluso en proyectos de encargo, un director y un equipo hagan de una peli el trabajo más personal posible.

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