Sony Pictures en el filo

Este lunes, Sony Pictures ha lanzado un comunicado sobre sus resultados económicos un tanto particular — y no muy sencillo de explicar — que gira en torno a estos dos conceptos: “921 millones de euros” y “pérdidas”. A grandes rasgos, el estudio ha advertido a sus accionistas de que se preparen ante un tercer trimestre fiscal (desde octubre a diciembre de 2016) absolutamente catastrófico, en el marco de una serie de informaciones procedentes del NY Post que apuntan a que este próximo verano Sony Pictures, o más bien su columna vertebral, Columbia Pictures, será vendida o dejará de ser una unidad relativamente independiente para pasar a formar parte de la compañía madre. Informaciones de cierto peso, que el estudio se ha visto obligado a desmentir en una nota de acompañamiento. En líneas generales, ¿está Sony Pictures destruida? No. En cualquier momento puede dar un vuelco a su situación. Está a un gran éxito de distancia. ¿Corre serio peligro de desaparecer? Ahora mismo, a día de hoy, sí.

Vamos a ir por partes y la primera y fundamental consiste en comprender exactamente de qué trata el comunicado emitido hoy, que os dejamos en este mismo post y que a servidor le resulta muy interesante por la forma en la que el estudio interpreta en forma de números los últimos 30 años de su historia — desde la adquisición de Columbia Pictures en 1989 — y la incertidumbre de un futuro marcado por la reciente salida de su consejero delegado de la división de entretenimiento, Michael Lynton, a Snapchat, su precaria posición actual en Hollywood — por detrás de Disney, Warner, Fox y Universal, con solo un 8 por ciento de cuota de mercado — y los rumores de venta que han sido categóricamente desmentidos por la plana mayor de la compañía este mismo día.

Aquí, la nota en cuestión, para inversores, con las cifras en yenes:

Los 921 millones de euros que mencionan el comunicado son calificados por el estudio como un “impairment loss”, un deterioro del valor de sus activos o, lo que es lo mismo, una astronómica cantidad de dinero no aprovechable y que no saben todavía donde meter en las cuentas definitivas que anunciarán el próximo 2 de febrero. Sin ser exactamente pérdidas — el estudio reitera que no se trata, de momento, de dinero en efectivo — se trata de una consecuencia muy negativa que Sony Pictures achaca a varios motivos. Primero y más obvio: los resultados de la taquilla. Segundo: el declive “dramático”, en palabras del estudio, del mercado doméstico. El tercero: la adquisición de Columbia Pictures en 1989. ¿Tanto influye una compra de hace 30 años en los resultados actuales?, os preguntaréis.

La respuesta es sí. Columbia Pictures fue adquirida por 3.400 millones de dólares. De hace 30 años. Contando inflación: Sony Pictures compró Columbia por, aproximadamente, 6.580 millones de dólares de hoy. Esa cantidad de dinero sigue pesando hoy en día, y es considerada como un lastre a eliminar por la compañía si quieren salvar su futuro. La gracia del asunto es que realmente no es una cifra inmensa — “inmensa” en plan “bochornosa”, “insalvable”, “pero es que nadie va a pensar en los niños” — pero lo que ocurre es que Sony Pictures es un poco el equivalente del Atlético de Madrid en lo que a potencial económico se refiere: un estudio capaz de realizar desembolsos económicos importantes, pero al que las pérdidas le hacen un daño más grave que a otros competidores con fuentes de financiación más diversificadas. Es por ello que parte del plan de Sony consiste, según la nota de hoy, en potenciar su división televisiva merced al éxito de producciones como The Crown.

Esta es la primera parte. La segunda intenta explicar por qué The Emoji Movie, una en la que Patrick Stewart pone la voz a un muñeco de caca, ha adquirido una importancia esencial por motivos bastante pesimistas: no porque se trate de una tabla de salvación, sino por tratarse de una que podría aliviar lo que podría ser la venta de un estudio histórico a precio de mercadillo.

A LA ESPERA DE LOS EMOTICONOS

La narrativa que construyen las fuentes del NY Post es bastante apocalíptica: Sony piensa disolver su división de cine este verano, a la espera de los resultados de The Emoji Movie, que se estrena el 4 de agosto. Una buena taquilla de la película implicaría la apertura de una nueva franquicia que revalorizaría las acciones de la división de cara a una venta para la que suenan como potenciales compradores la CBS — que necesita un golpe de efecto tras el fracaso de su fusión con el conglomerado Viacom, es decir, Paramount, Nickelodeon o MTV– y varios bancos chinos. “Están a la espera de ver cómo rinde The Emoji Movie. Creen que podría ayudarles a conseguir un mejor precio de venta”, según las fuentes del diario neoyorquino.

Franquicias — como ya sabéis, un excepcional punto de agarre para un estudio, al apoyarse en el valor de una marca, el rendimiento de película “X” de esa saga, y la promesa de éxito de sus secuelas — de las que Sony no anda sobrada. Inferno, que costó 75 millones, ha recaudado 220 en todo el mundo. La Torre Oscura es una incógnita. El acuerdo que unía a Sony y MGM sobre la franquicia de Bond está en pleno proceso de renegociación y a expensas de lo que diga la dueña y señora Barbara Broccoli. Afortunadamente, tienen a Spider-Man — a pachas con Marvel, pero un acuerdo enormemente beneficioso para ambos: todos los beneficios de la saga individual del Hombre Araña van para Sony a cambio de permitir que Spider-Man aparezca en Vengadores: Infinity War y cualquier otra bajo el sello de Marvel Studios, que tiene control creativo. Un sistema muy inteligente, y por el que todos ganan –. Y siempre, siempre queda el factor “sleeper”, el éxito con el que nadie contaba (por mucho que sea un factor que los estudios eluden por el mero hecho de que entienden que no cuenta como triunfo aquél que no anticipas en las cuentas) como Don’t Breathe o la exitosa saga de Resident Evil, que a lo tonto ha recaudado más de 1.000 millones contando al último capítulo, casi bajo el radar.

Pero el caso es que la situación de Sony Pictures se resume en “demasiadas incógnitas”. Un contexto muy débil donde todas las hostias (Passengers, Billy Lynn) duelen y llevan demasiado tiempo recibiéndolas. El fracaso de Ghostbusters, que generó al estudio pérdidas de 50 millones de dólares, es en realidad una gota en un océano que emergió durante el abominable año 2015; un auténtico desastre a nivel empresarial donde la película más taquillera a imagen real del estudio fue, descontando a Spectre que, insistimos, no es exactamente propiedad de Sony, Paul Blart 2 (parece mentira cómo pasa el tiempo pero Jump Street 22 es del año anterior, y Hotel Transylvania 2 pertenece a su división de animación, y con todo hizo unos 475 millones, estimable pero no devastador). Amy Pascal, la ex copresidenta del estudio, lo advertía en sus correos, un año antes de ser cesada (o acordar su “despedida amistosa“, si lo preferís) por el ataque informático que padeció la compañía el año anterior. “Demasiados dramas, ninguna franquicia”.

Su sustituto, Tom Rothman, un habitual de esta web, desgraciadamente más conocido por su etapa de fracasos en Fox que por sus arriesgadas y maravillosas aventuras (gracias a su emperramiento tenemos Master and Commander), no ha arrojado mejores resultados: en octubre del año pasado, y según una exclusiva de Variety, varios altos cargos de Sony expresaron su decepción con su rendimiento al frente de la división cinematográfica. El jefe supremo de Sony, Kazuo “Kaz” Hirai, tuvo que salir a la palestra en noviembre del año pasado para declarar su “pleno respaldo” al ejecutivo.

En 2017, la respuesta oficial de la compañía a toda esta serie de catastróficas desdichas pide paciencia y calma. Sus prioridades consisten ahora mismo en designar un sustituto para Lynton — los rumores indican que Hirai está supervisando directamente la transición — y terminar de implantar una serie de “auténticas reformas” que buscan cambiar de abajo a arriba la cultura corporativa de la empresa. En este sentido, Sony quiere que su división cinematográfica haga gala de “responsabilidad financiera”, temible término, generalmente traducible como “esto ha sido el coñolabernarda”.

UNA PROMESA DE FUTURO

En la nota de hoy, Sony se compromete a una nueva vida. El comunicado avanza un nuevo ciclo a partir de ahora mismo, cuyos resultados serán palpables a partir del próximo año fiscal, que terminará el 31 de marzo de 2018 y que se extenderán hasta el 31 de marzo de 2020.

Cómo diablos lo va a conseguir, servidor no lo sabe. Los de Sony lo saben mejor que yo, a tenor del agresivo lenguaje que emplean en su nota de este lunes. “Que nadie se llame a engaño: el compromiso de Sony con su división cinematográfica sigue inalterable. El valor del contenido de alta calidad sigue aumentando. Como ya hemos manifestado en varias ocasiones, Sony Pictures sigue siendo una parte muy importante del grupo y seguiremos invirtiendo en el crecimiento a largo plazo”.

Parte de este suspense se resolverá en los próximos meses, entre la publicación de los resultados definitivos el próximo jueves, el primer fin de semana de The Emoji Movie, el auténtico rendimiento del nuevo Spider-Man, la posibilidad de que La Torre Oscura toque nervio y supere expectativas. Hasta entonces, queda esperar. Si queréis, podemos agarrarnos a los beneficios consolidados del último ejercicio, donde la compañía registró grandes ingresos operativos y tras los que declaró que todo va viento en popa. Podéis agarraros a la nueva Uncharted o Bad Boys 4. Pero tomáos esta pieza como un toque de cautela que afecta a uno de los grandes de Hollywood, uno que no atraviesa ni mucho menos por uno de sus mejores momentos, porque quizás el listón competitivo que aumenta inexorable año tras año está cerca de cobrarse una nueva víctima.

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