'Nación salvaje': una compleja y venenosa crítica juvenil a la masculinidad tóxica

'Nación salvaje': una compleja y venenosa crítica juvenil a la masculinidad tóxica

Por supuesto que la idea de ambientar ‘Nación salvaje’ en Salem es completamente intencionada. Es una de las muchas ironías que sustentan una película en apariencia intrascendente y juvenil, pero llena de dobles y triples significados que funcionan como potentes cepos: Salem, que identificamos con las cazas de brujas reales, es el lugar perfecto para poner en solfa lo que los hombres blancos acomodados llaman, no sin cierta desvergüenza, “caza de brujas” motivada por el #metoo: que a lo mejor pierden su trabajo tras un abuso (luego ya se ve que ni siquiera eso).

Es una de las muchas ideas que vienen afiladas por todos sus bordes (es decir, que la interpretes como la interpretes, te cortas), en una película inteligentísima, aunque envuelta de falsa intrascendencia. Una aparente banalidad que empapa conversaciones sobre por qué no hay que sentir empatía por un político hipócrita por mucho que esté sufriendo, si un dibujo al natural puede ser pornográfico (en una conversación retirada del montaje estadounidense para que la película no sea clasificada solo para adultos), o acerca de qué resulta más feminista: una película de venganzas con una mujer armada hasta los dientes o ‘Perros de paja’ en la que el personaje violado es Dustin Hoffman.

‘Nación salvaje’ viene sin manual de instrucciones para cualquier persona mayor de 21 años porque así es la vida (me ha encantado, de puro entrañable, escuchar a unos espectadores de cincuenta y tantos preguntarse en la fila de atrás “pero… ¿qué es un LOL?”). Pero juguetea con distintos códigos en los que los (ejem) adultos pueden encontrar zonas de confort: una cautionary tale sobre los peligros de la falta de privacidad en la era de Internet y los peligros de que nuestra intimidad circule al alcance de cualquiera se convierte en una curiosa mezcla de ‘The Purge’ y ‘Chicas malas’, combinada con algo de estética de ‘Spring Breakers’. Sin embargo, la película es mucho más que eso (aunque también es solo eso, y funciona perfectamente).

‘Nación salvaje’ se expresa con un lenguaje que es pura Generacion Z: una de las subtramas se plantea exclusivamente con mensajes de texto superpuestos en pantalla los videoclips de Taylor Swift son, más que un guiño, casi un evangelio visual, y el misterio de la pelicula se resuelve prácticamente con un meme y un codazo al cáncer de la sociedad digital: 4chan. Esa inmediatez y ese tratar de tú a tú a sus espectadores potenciales será, sin duda, un revulsivo para el resto.

Un ejemplo meridiano: la película (casi) acaba con un discurso de la protagonista (excelente Odessa Young) que explicita de forma absolutamente frontal el mensaje de la película. Cualquier crítico podrá apuntar que ‘Nación asesina’ es poco sutil, demasiado obvia, pero estará dejando escapar el lenguaje que emplea el film: honestidad y planificación visual propia de youtuber, hablando a la cámara sin cortapisas. ¿No te parece lo suficientemente “clásico”? Sin problemas: ‘Nación asesina’ no necesita tu permiso.

Puede que ‘Nación salvaje’ no sea perfecta: cuando se adentra en los terrenos del cine de género más puro, coqueteando con el rape & revenge o las invasiones domésticas (aunque incluso ahí se permite delicias visuales como un impresionante plano secuencia que rubricaría De Palma sin dudarlo), pierde un poco de fuelle discursivo. Pero aún así, va plantando pequeñas bombas de relojería, subvirtiendo por ejemplo el tradicional concepto de la final girl. O con la muerte más simbólica de la película, casi un discurso político a bocajarro. O con el trigger warning del principio, que arranca como un aviso-homenaje al estilo de William Castle, pero que se regodea advirtiendo también de que la película contiene masculinidad tóxica, transfobia y egos masculinos frágiles.

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Porque sí: ‘Nación asesina’ es rabiosamente feminista, combativa hasta la incomodidad, pero más inteligente -y asumidamente contradictoria y vital- de lo que muchos de sus críticos advertirán (preparaos a oir la chorrada de “la dictadura de lo políticamente correcto” en ocho de cada diez reseñas). Un ejemplo: a la salida del pase, un compañero tuiteó que la película era hipócrita porque las actrices hablaban todo el rato de sexo, pero luego no enseñaban nada. Así que puede que él no entendiera ni media, pero creedme: la película lo ha entendido a él perfectamente.

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‘Nación salvaje’: una compleja y venenosa crítica juvenil a la masculinidad tóxica

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John Tones

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