LAS DIEZ MEJORES PELÍCULAS DEL CINE ESPAÑOL EN 2016

He querido sumarme a título personal a lanzar mi top 10 de películas españolas en 2016 (repasa las listas de nuestros cineastas). Un año de buen cine. Tanto, que algunas obras no han recibido el justo reconocimiento. En mi lista hay algunas de ellas.

Estas son, bajo mi punto de vista como redactor desde hace casi 8 años de la web líder en la temática, las 10 mejores películas del cine español en 2016:

Puesto 10, TARDE PARA LA IRA (RAÚL ARÉVALO)

Thriller sucio, con aroma y atmósfera que bebe de la mejor tradición del noir castizo. Algunos lugares comunes y cierta previsibilidad alejan de la excelencia a la futura vencedora del Goya, pero el disfrute es incuestionable, salpicado de secuencias memorables que desprenden toneladas de cine. Y, por mí, que le den el premio a de la Torre (que se lo den siempre).

Puesto 9, ESA SENSACIÓN (JUAN CAVESTANY, JULIÁN GÉNISSON Y PABLO HERNANDO)

Cavestany vuelve al absurso para sacar lo más auténtico de nuestro ser. Destaca la descacharrante sátira del apego hacia lo material, ¿cuánto tardaremos en fornicar con nuestro móvil?. Curiosamente, ese episodio -el mejor de los tres que componen el film- no lo dirige él, aunque lo parece. Pero el director de la genial ‘Gente en sitios’ sí se saca de la manga quizá la mejor escena cómica del año, en una visita de Bárbara Santacruz al ginecólogo (la esquizofrenia de la era selfie).

Puesto 8, UN MONSTRUO VIENE A VERME (J.A. BAYONA)

Pese a la innegable conexión con un público predispuesto, con perspectiva he llegado a la conclusión de que ésta es una película autoral y, sin duda, la más personal de un Bayona siempre honesto y dispuesto a emocionar (¿hacer cine no va de eso?). Una fábula valiente, llena de recovecos.

 

Puesto 7, LA MEMORIA DEL AGUA (MATÍAS BIZE)

Bello y sutil, quizá sea el drama romántico más emocionante del año. Dos formas diferentes de duelo. De enfrentarse al máximo dolor -la pérdida de un hijo- que puede sufrir una persona: avanzar o renunciar a la felicidad.
Elena Anaya tiene momentos de recital, pero el alma de la peli es Benjamín Vicuña a través de una mirada serena, rebosante de verdad, amor y dolor.

 

Puesto 6, POZOAMARGO (ENRIQUE RIVERO)

Un desagradable, sórdido y durísimo viaje de redención que merece la pena transitar, ya que esta road movie casi bíblica supone la experiencia religiosa del cine patrio este año.
A su trasluz también descubriremos belleza, amparada en el mejor trabajo fotográfico del año, mención estelar de un plano secuencia antológico (valiente Natalia de Molina).

 

Puesto 5, 7 AÑOS (ROGER GUAL)

La película a reivindicar. Primera producción española para Netflix, que con El Método y Felices 140 completa una irresistible antología del hijoputismo y bilis.
En situaciones límite el ser humano saca lo peor de sí mismo. Y esto se nos ofrece a traves de una ágil y estilizada dirección; un impagable disfrute actoral y diálogos cáusticos.

 

Puesto 4, QUE DIOS NOS PERDONE (RODRIGO SOROGOYEN)

Sobra la comparación a Fincher. Estamos ante una obra genuina en la que Sorogoyen se convierte en maestro del climax, ofreciéndonos un retrato de la crueldad donde no hay maniqueismos ni heroicidades y cada personaje tiene su tara. No sólo es un peliculón, también es cine de entretenimiento (del bueno). El trío interpretativo del año.

 

Puesto 3, LA MUERTE DE LUIS XIV (ALBERT SERRA)

Fue la sensación de Cannes. Serra depura al máximo su poesía visual en una minuciosa colección de planos secuencia, pero sin perder un ápice de libertad y estilo. Asímismo, permanece su mirada morbosa y sonriente ante la decadencia del poder.
Especialmente interesante el foco puesto en el absurdo cortesano que rodea al rey, un magnífico retrato del sistema monárquico.

 

Puesto 2, LA PRÓXIMA PIEL (ISA CAMPO E ISAKI LACUESTA)

Pese a sus galardones en Málaga, los grandes premios nacionales (Goya y Feroz) han dado la espalda a una obra convertida ya en pieza de culto que, en caso de ser de otro país, la coserían a premios.
Todo encaja en el gélido y hermoso puzle de intriga y emociones. La necesidad de calor humano. De amar y ser amado… aunque sea mentira.
Y la bestia parda Àlex Monner en la mejor interpretación del año.

 

Puesto 1, JULIETA (PEDRO ALMODÓVAR)

Pedro otra vez. Lejos de acomodarse, arriesga y gana con su obra más contenida -pero fiel a su universo de emociones-, con una depuración estilística que lo coloca en el olimpo junto a los Antonioni o Kar Way.
En este caso habla de dolor. Del auténtico (el que va por dentro). Reconozco que me sentí identificado. Tal vez de ahí el puñetazo seco que sentí en el estómago.

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